Oceanic, mi segundo barco, en la costa de Francia
Oceanic, mi segundo barco, en la costa de Francia

En mi primera semana a bordo entendí la expresión “marinero de primer viaje”. Entrar en un barco es entrar en otro mundo y se lleva un tiempo hasta aprender todo sobre él: las reglas, quien es quien, lo que no se puede hacer, las obligaciones. Principalmente, moverse dentro de un barco puede ser difícil para quien no tiene buen sentido de dirección. Lo primero que se tiene que saber son los lados: proa, popa, babor y estribor. Los barcos se componen de muchos pisos, entonces es necesario memorizar en que piso está cada cosa.

Las partes de la tripulación pueden ser verdaderos laberintos. Me cansé de quedarme perdida, de dar vueltas y vueltas y acabar teniendo que pedir ayuda para llegar adonde quería. No ayuda memorizar un solo camino, porque muchas veces, una puerta de este camino está cerrada y no se puede pasar. Algunos pasajeros pasan todo el tiempo del crucero perdidos y pidiendo ayuda para llegar a sus lugares. Quien atiende al público, como fue mi caso, tiene que saber donde está cada cosa y como llegar hasta ella.

Yo, de marinera
Yo, de marinera
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