Yo estaba en la estación de autobuses de Nazca, Perú. Me despedí de una holandesa que había sido mi compañera de viaje en los últimos días. Ella iba a Bolivia y yo a Lima.

Siéntase a mi lado un chico y comienza a conversar. Fred, de Lima, había ido a Nazca visitar un tío y volvía a Lima, su ciudad. Conté rápidamente que estaba viajando por América Latina. Él dijo: voy ser tu ángel protector en Lima.

¿Qué dice?- pensé- no he pedido ninguna protección…

Pero no pasaría nada conversar un poco. Él era un chico humilde y no parecía tener intenciones obscuras respecto a mí.

Llegamos temprano a Lima y la salida de la estación estaba bien fea. Todo cerrado, lleno de gente rara. Hubiera sentido miedo si él no estuviera conmigo. Él me enseñó Lima y aún fue conmigo conocer mi próximo destino, Huaraz. En realidad, él se quedó encantando e inspirado con mi historia de viajar sola, descubriendo las Américas…

No saqué ni una foto con él…

Pero tuve un gran aprendizaje: desconfié y hasta menosprecié quien al final acabó siendo un ángel más en mi camino…

Anuncios