Siguiendo con la saga sobres los italianos…

El 2001, con mi amiga Flávia tomé un vuelo de Amsterdan hacia Roma. Llegamos allí de madrugada y nos pararon en la inmigración. No había nadie que hablase  bien inglés (!) y conversamos en una mezcla de español e italiano. Estaba todo ok con nuestras visas y, después de un rato, dijeron que podíamos salir. Cuando cruzamos la puerta, nos llamaron de nuevo. Había juntado más policías, creo que porque el movimiento aquella hora era poco, y se quedaron conversando con nosotras, haciendo las mismas preguntas. No entendemos porque, ya que nos habían dicho que podíamos ir. ¿Qué querían realmente? Por suerte, el padre de esta mi amiga tenía un amigo en la embajada de Brasil en Roma. Llamamos a su casa, y él fue allá nos rescatar. Fue una mala sensación, en parte porque no entendíamos todo que decían y en parte porque no estaban claras sus intenciones. ¿Nos tomaban el pelo? ¿Querían ligar? ¿O asustarnos? Estos italianos…

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