Una de las características para conseguir pasar tanto tiempo rodando es el desapego. Cuando salí de mi zona de comodidad, fue preciso mucha flexibilidad, abrir la mente (para aceptar cosas culturalmente diferentes para mí) y mucho desapego.

El desapego comenzó al arreglar la mochila: poca cosa para no pesar. Con el máximo propuesto de 10 kilos no conseguí poner mucha ropa. Entonces usaba las mismas ropas una infinidad de veces.

Tuve que desapegarme de nuestra cultura de ducharnos todos los días, porque había días en que simplemente no pude hacerlo.

Tuve que acostumbrarme a dormir en cualquier lugar (ruidoso, sucio, colchón demasiado suave o duro, banco de autobús y hasta hamaca).

Tener mi cámara fotográfica robada en Perú fue un gran desafío al desapego. Perdí las mejores fotos que había sacado, incluso de Machu Picchu. Pero no quise dejar eso estropear el viaje, entonces tragué las lágrimas y seguí adelante con las terribles cámaras desechables. Justo yo, una profesional de la imagen tuve que olvidar el hecho de no tener buenas fotos de lindos lugares!

Pero sepan que estos desapegos tienen su lado positivo. En el caso de la cámara, por ejemplo, pasé a mirar, a sentir más los lugares, ya que no tenía la preocupación de estar sacando fotos. Además, muchos compañeros a lo largo del camino se solidarizaron con mi historia, sacaron fotos mías y después me pasaron por correo, lo que era óptima excusa para mantener el contacto…

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