En mi tercer día en Barcelona, recibí una llamada de una mujer con un súper acento carioca (de quien es de Rio de Janeiro):

– Hola. Soy Tatiana Marquez. Voy a hacer el master contigo y la coordinadora me ha dado tu teléfono. Quizás podemos compartir un piso…

Dije que no quería vivir con brasileño, para practicar el español, pero que podríamos buscar juntas. Quedamos de nos encontrar frente a una agencia de pisos para estudiantes. Ni habíamos dicho muy bien como éramos, pero nos reconocimos en el momento.

Aquella mujer con modos de niña abrió una gran sonrisa, su marca característica, y listo: yo ya tenía una gran amiga en Barcelona. Compañera de buscar pisos, de pasar frío y equivocarnos de ropa, de estudios, de volver en tren para casa (acabamos viviendo a dos calles la una de la otra), de descubrir Barcelona, de dar clase en Cibernarium, de ir para la casa de tía Brenda los fines de semana (incluso después ella vivió con tía por un tiempo), de hacer comida, de compartir las descubiertas (encontré una marca de jugo buena y barata), de compartir las dudas (será que tomo este trabajo? Me caso o compro una bici?), etc…

Tuve el regalo de tener una hermana mayor en Barcelona. Esta psicóloga me daba consejos, lloraba en mi hombro, me llamaba para comer con ella…  Siempre con su sonrisa y su modo divertido y jovial de ser. ¡Aún sigue allá pero nos hablamos siempre y continuamos nuestro intercambio de consejos!

tati y yo, en su piso
tati y yo, en su piso
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