A pesar de mi gran lista de ángeles, hoy no voy a hablar sobre ningún ángel específico, sino sobre algo que aprendí esta semana, con el Rev. Marcos Lima, que estudió las lenguas antiguas: la propia palabra ángel.

Conocemos esta palabra principalmente por la Biblia. En hebraico, es mal’ak, en griego angelus, por eso la traducción para ángel en castellano. Mal’ak en realidad significa simplemente mensajero. La palabra designa una función y no una naturaleza del ser (humano o divino).

Aquella nuestra visión del ángel con alas e aureola no tiene mucho sentido: cuando la Biblia habla sobre ángeles, la mayoría de las veces se refiere a humanos.

Mal’ak es un individuo que es enviado a alguien con la finalidad de comunicar un mensaje o cumplir un orden.

Me quedé feliz porque eso reforzó lo que siempre sentí: que las personas que aparecen en mi camino, mismo sin saber, fueron enviadas por Dios para ayudarme o simplemente para hacer aquel trozo del camino más ligero, más agradable. Y como cada uno/a fue y es tan importante! Encuentro eso tan lindo en la vida: del simple contacto con otras personas podemos aprender cosas diversas… Y un encuentro… puede cambiarlo todo!

Yo que ya tengo algunos añitos acumulados, puedo mirar hacia atrás y ver cuanta cosa que me ocurrió y que hoy no tiene más nada que ver conmigo, pero que son estrictamente importantes para alguna situación actual. Ejemplo: durante 10 años hice teatro. Hoy mal voy a asistir. Pero esta experiencia fue fundamental para mis experiencias docentes. El/la profesor/a es como un actor: tiene que improvisar, ser creativo, mantener la atención e incluso saber impostar la voz para no tener problemas en las cuerdas vocales.

¿La vida no es fantástica?

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