Siempre escuché “respecte el espacio del otro, no molestes”, que evitaba pedir cosas para las otras personas, para no molestar. Pero para rodar el mundo, tuve que aprender a pedir.

Pedí informaciones: ¿Dónde queda el hostal tal, la calle tal?

Pedid ayuda: ¿Puedes ayudarme a poner la mochila allí arriba?

Pedí socorro: cuando un hombre me siguió en Praga, tuve que gritar “help” (socorro) en el en medio de la calle.

Pedí favores: hola. Soy la amiga del cuñado del hermano de tu perro. Puedo quedarme en tu casa por algunos días?

La gran mayoría de los pedidos era para personas inicialmente extrañas. Eso fue un buen entrenamiento para mí. Tuve que vencer casi diariamente la vergüenza e el “orgullo” y pedir. Sé que ayudé algunas personas del camino también (traducciones, orientaciones). ¿Y saben que la sensación de ser ayudada es tan buena cuanto la de ayudar?

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