Les comparto el regalo de mi “cumple especial” que me he dado. Después de conquistar tierra y mar, qué faltaba? El cielo. Tranquilos que no me he vuelto azafata, pero realicé un deseo antiguo: volar en ala delta!

Creo que ninguna palabra puede describir la emoción, la sensación de volar. Pero intentaré aquí resumir un poco de la historia.

Cerca de Belo Horizonte ya no hacen más vuelos, entonces elegí un lindo escenario para mi primer vuelo: Rio de Janeiro, la ciudad maravillosa, la sed de las Olimpiadas 2016.  

Aproveché el festivo y vine, mismo con la ciudad bajo fuerte temporal había días. Llegué junto con el sol. El tiempo estaba bien mejor. Había una nube sobre la piedra de Gávea, que a veces impedía el salto, pero no la visibilidad. Además, el viento estaba óptimo para volar.

Había buscado por internet y hay varios pilotos. Conversé con algunos, y acabé quedando con  Ronaldo Freire, en eses golpes de suerte que acostumbro tener. No podría haber escogido mejor el primer hombre que me llevó a las nubes. Recomiendo mucho el trabajo de este profesional por su experiencia, profesionalismo y simpatía.

Si cuando entré en el barco escuchaba “Maresia” (una canción de la cantante brasileña Adriana Calcanhoto, sobre la vida de marinero), antes de volar, escuchaba en el mp3: “Volare, cantare”, con los Gipsy Kings (para la letra, clique aquí).

Subimos a la piedra, yo recibía la instrucción tan sencilla de “corra”, pero escuchaba “corra rumbo al abismo y se entregue al nada” y… de repente… mis pies no sintieron más el suelo. Vi árboles, casas, coches, mar y personas desde el alto, 500 metros abajo! Yo fluctuaba! No! Yo volaba! Me emocioné! Estaba allí, llevada en los brazos de mi amor platónico y viejo compañero de aventuras, el viento (Px)! Pajaritos pasaban a nuestro lado y yo, como tonta, les saludaba y hablaba.

Para seguir mi historia de vida, tuve dos emociones extras:

  1. Ronaldo vio que me gustó la cosa y, según él, mi peso era tan insignificante para la ala delta, que pudo hacer unas maniobras estilo “frío en la panza” con toda seguridad.
  2. Un otro piloto no nos vio, se acercó mucho y fuimos “empujados” para el mar, sobre lo cual se pierde altitud más rápidamente. Pero con la experiencia y el grito de Ronaldo, no hubo peligro.

Recomiendo mucho esta aventura a quien tiene ganas. Sólo se vuela si las condiciones permitieren y es un deporte seguro.  Si vienen a Rio, les paso el contacto del piloto.

 
Volando con la ciudad maravillosa a mis pies Volando con la ciudad maravillosa a mis pies

 

Anuncios