Crucé en bus de Bolivia a Perú. En la frontera, policías revistaron el bus y tuvimos que rellenar un cuestionario de declaración de bienes. Vi que los policías se metían con un chico que no hablaba castellano. Él había declarado una cámara fotográfica cara y ellos le querían cobrar algo. No pude dejar de ayudar. Comencé a traducir la conversación y logo vi que los policías querían sacar ventaje en la situación. Dije que él que era holandés, no estaba importando nada, la cámara era para uso personal y, por lo tanto, no debía pagar nada. Y así fue.

Acabamos yendo juntos buscar un lugar para hospedarnos en Puno, Peru. Ya era casi media-noche y no me vendría mal una compañía masculina aquellas horas. Cuando estábamos registrándonos en el hostal, vi la fecha y era mi cumple! Había perdido la noción do tempo, después de viajar 3 días en bus (eso fue en seguida del bus de la muerte). Exclamé: oh! Es mi cumple!

El me dio un abrazo y dijo:

– Feliz cumpleaños. ¿A propósito, cuál es tu nombre?

Mi único saludo de cumple personalmente el 2005 fue de un extraño total!

Nos presentamos. Su nombre es Geert (nunca conseguí pronunciarlo correctamente, porque en holandés la “g” parece una “r” gutural rarísima). Hicimos un tour por las islas del lago Titicaca. Pasamos por una fiera en la calle y quería comprar guantes. Él gentilmente me las regaló por mi cumple (el único regalo de aquel año).

El próximo destino de los dos era Cuzco, ciudad base para Machu Picchu. Él tenía reserva para la Trilla Inca, de 4 días y yo me quedé en Cuzco algunos días más, llegando a Machu Picchu después de 4 días también, por coincidencia. Allí nos encontramos en medio a las ruinas y escalamos juntos el Wayna Picchu, la montaña (la “nariz” del inca acostado que es la visión de las montañas  detrás de Machu Picchu).

Cuando estaba en Barcelona, él fue a visitarme y hasta hoy nos comunicamos por correo (incluso tenemos un proyecto virtual)…

¿No es la vida interesante? Dios me envió un ángel para que el día de mi cumple no pasara desapercibido y nos volvimos buenos amigos…

Con Geert en el Parc Guell, Barcelona
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