Según el principio que viajar no es solo conocer los monumentos, edificios y museos del lugar, o sea, más que la estructura física, debemos bucear en la cultura local, la pista es: pregunte las comidas y bebidas típicas del país que se conoce. Ok, nada original, pero solo para garantizar que no se van a olvidar. Pueden aprovechar la ida a la información turística y preguntar los platos típicos y aún, donde se puede encontrarlos. Algunas tienen incluso folletos que explican el origen de los platos. Experimenten todos que sean posibles (se tienen coraje incluso los insectos, como los chapulines en México y hormigas en Colombia). Yo no tenía muchas opciones, ya que son pocos los que no llevan carne, pero los que conseguí experimentar fueron una interesante experiencia para el paladar.

Una pista, digamos, opuesta, pero igualmente valiosa es: coma en los restaurantes chinos. Son la salvación cuando se viaja por mucho tiempo y el dinero y la paciencia andan cortos. Comida china es igual en todo lugar, pocas sorpresas. Eso ayuda cuando no se habla la lengua local. Muchos restaurantes chinos en Europa tienen las fotos de los platos y basta con apuntar el deseado. Generalmente, la comida sale rápido y los precios son bastante amigables. Con 5 euros comes bien, con 10 ya es un banquete! Me acuerdo siempre en Praga que comíamos una vez al día en uno muy barato: por 3 euros conseguía un plato tan grande que no conseguía comerlo todo…

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