Mi única hermana, Maria Clara (Caia, para mí, lea pos sobre ella aquí) está mudándose para Texas. Su marido, Júnior, fue transferido para allá y pretenden quedarse por unos 2 años y volver. Pero eso nunca se sabe. Después que nos aventuramos a salir, nada es garantizado.

Desde que se casó, hace 5 años, ella vive en São Paulo y yo me estuve fuera de Brasil, así que ya estamos acostumbradas a la añoranza. Este festivo mi mami y yo fuimos allá, para ayudarlos en el proceso de cambio (cada vez más pienso que debo usar mi talento para arreglar las maletas, compactando el máximo de cosas en el mínimo de espacio, para ganar dinero).

Tengo ahora la oportunidad de vivir el otro lado, o sea, de esta vez soy yo quien se queda. Cabe a mi administrar sus cosas aquí, acompañar la mezcla de orgullo y tristeza de mi madre, planear un viaje de visita, etc…

Por más que los cambios nos den miedo inicialmente, ellos son lo que nos hace sentir que realmente estamos viviendo (y no solo sobreviviendo), que dan emoción a la vida.

Dame una profunda alegría pensar en las emociones que ella está a punto de vivenciar: conocer otros lugares, vivir otra cultura, las novedades constantes, las meteduras de pata inevitables, experimentar aventuras, pasar algunas dificultades, practicar otra lengua, aprender un montón de cosas…

Cosas que esperan a quien se propone a vivir en otro lugar.

Caia y Júnior: les deseo todo de óptimo en esta nueva experiencia. Que Dios les bendiga mucho. Aprovechen bastante y, sobre todo, reíanse siempre (de ustedes, de los otros, de las situaciones…).

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