Continuando el post anterior, sobre relaciones a bordo y hablando la verdad sin miedos sobre lo que observé (corroborado por comentarios de otros marineros aquí y en la versión en portugués del):

Los/as marineros/as pueden ser bastante volubles: muchos están con una persona y, en el momento siguiente, si aparece alguien que les interesa o conviene* más, cambian de compañía.  Es común ver tanto hombre cuánto mujer con más de un compañero en el mismo contrato, sea porque el primer/a salió del barco o porque tenía simplemente ganas de cambiar de compañía… Incluso, entre los muchos examines que hay que hacer antes de embarcar, está el anti-VIH. Ningún soropositivo puede trabajar en un barco…

*digo conviene porque vi que algunas relaciones pueden estar basadas en interés como una promoción o una cabina mejor.

Para la gran mayoría de la “gente del mar”, no importa la vida en tierra: si tienen novio/o, esposa, marido o niños. En un barco, solo se queda solo quién no consiguió compañía… Aún para éstos, siempre hay algun/a tripulante dispuesto/a a ganar un dinero extra, ofreciendo sexo. La prostitución se prohíbe rigurosamente en los barcos, pero muchas veces si hace como que no se la ve, debido a la situación de los marineros y porque muchos oficiales utilizan estos servicios.

Con todo eso, que el viejo refrán “un amor en cada puerto” sería mucho más verdadero así: “un amor en cada contrato”.

Interio- Recepción del barco Pacific
Casino del Pacific
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