Hoy cumplo un año a menos de vida.

Y si el 29 del 09 del 2009 cumplí 29 años, hoy… me vuelo balzaquiana!!!!!!!!!!!!!!

Si cumpleaños ya es una época reflexiva, entonces cuando se cumple década …

Mi amiga Gra envió un texto de un escritor brasileño, Affonso Romano para otra amiga que cumplió 30 hace unos meses. Algunas partes traducidas:

“Hasta los 30, vamos emitiendo recibos. A partir de entonces es hora de empezar a pagar. Pero también se podría decir: hasta esta edad se hizo el aprendizaje básico. Ya se cumplió el ciclo escolar, que va de la primaria al doctorado. La profesión ya debe haber sido escogida. Ya se tuvo la primera mesa de trabajo, oficina o negocio. Ya se casó la primera vez, ya se tuvo el primer hijo.

Cumplir 30 años es como salir del espacio y penetrar en el tiempo. A los 30 ya se aprendió los límites de la isla, ya se sabe de donde soplan los tifones y como, el náufrago que se salva, es hora de se auto cartografiar. Cumplir 30 años es como una  piedra que ya no precisa exhibir preciosidad, porque ya no cabe en precios.

Cumplir 30 años es más que llegar al primer gran nivel. Es más que poder mirar hacia tras. Llegar a los 30 es hora de abismarse. Por esto es necesario tener alas, y sobre el abismo volar”.

(Para todo el texto, en portugués, clique aquí)

Según el autor, por un lado no cumplí 30 años: no constituí familia (talvez porque eso no estaba- ni está- en mis planes), sólo llegué a la especialización y estoy redefiniendo mi profesión.

Por otro lado, ya debo haber hecho 2 veces 30: Volé bastante sobre el abismo. Viajé mucho, viví cosas maravillosas, cosas muy malas, viví escenas de cine, peligros, placeres, alegrías y locuras. Pasé por lutos, amores, pasiones, conocí personas fantásticas y personas malas. Ya ayudé y fui ayudada. Hice cosas equivocadas, herí gente, me arrepentí. Ya incluso casi he muerto algunas veces.

Tenía tanta prisa de vivir, que siempre creí que fuera morir con unos 40 años (incluso ya tengo mi epitafio definido). En una charla una  vez comenté que eso de “dejar la vida llevarme”, no para mí. Una amiga dijo: tú no solo no dejas llevarte por la vida, tú arrastras a la vida.

Pero es que cuando cumplí 20 años, me regalaron este poema:

Hay una fiesta
en que voy a bailar
hasta que el zapato me pida parar.
Entonces pararé
me quitaré el zapato
y bailaré por el resto de mi vida.

(Chacal)

Lo adopté. Viví intensamente estos años. Quise realizar mis sueños y los realicé antes del esperado. Hasta escribí un post, cuando volví, sobre: qué hacer después de todo esto? (clique aquí para el post)

Hoy, a los 30, ya tengo definido: bailé bastante. Ahora voy a quitarme el zapato, o sea, librarme de todo que me molesta y… voy a bailar el resto de mi vida. Siéntome una  persona mejor. No es cualquier cosa que me quebranta. Estoy más divertida, más bonita, finalmente preparada para parar de pensar sólo en mí y contribuir para la felicidad (o al menos no contribuir para la infelicidad) de quien esté a mi lado.

¿Quieres bailar conmigo?

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