Fin de año es época de balance. Mirando hacia tras observo que 2010 fue, para mi, un año muy difícil. Justo cuando había decidido no dejar que los acontecimientos externos definiesen como me siento, parece que la vida me dio varios tests:

  • Para comenzar, trabajé demasiado. Como docente y también administrativa en una facultad. Tuve que resolver muchos problemas y participar de decisiones que influencian en la vida de otras personas.
  • Mi tiempo libre se ha vuelto raro.
  • La ida de mi hermana Caia para los Estados Unidos también fue momento de adaptación para toda la familia.
  • Tuve grandes decepciones con amistades. Un duro golpe fue ser blanco de traición y perversidad de quien confiaba y menos esperaba.
  • Perdí mi gran amigo y cómplice. Lo que sería una linda historia se ha transformado en una pesadilla cuyas marcas se quedarán por siempre.
  • Todo eso me esforzando con la salud para mantener bien estar físico.
  • Y este fin de año fue particularmente complicado. Desde el día 2 pasé por una experiencia pesada en el trabajo que hizo mi vida estresante casi 24 horas al día durante 12 días.
  • Además, presencié la violencia a mi lado, al tener un colega muerto en nuestro pasillo.

Pero, como todo en la vida tiene dos lados,  2010 fue maravilloso en muchos aspectos:

  • Tuve satisfacción y reconocimiento profesional.
  • Yo, que al volver tenía miedo a la rutina (vale la pena releer hoy este post del inicio del blog. Clique aquí), me quedé un año enterito en la misma ciudad y la rutina se quedó lejos: tuve novedades y cambios constantes.
  • Conocí nuevas personas (y reencontré otras) que tienen más que ver conmigo e iluminan momentos de mi vida como un rayo de sol después de la lluvia.
  • Participé de un proyecto social en la esperanza de hacer diferencia en la vida de niños y adolescentes en situación de riesgo y, cuando pensaba que devolvía a la vida un poco de todo que me dio, percibí que era yo que recibía el cariño y reconocimiento de estos niños.
  • La mejor noticia vino en medio al huracán, hace poco: pasé en la maestría! En dos! Gloria a Dios!
  • Fui a un nuevo país y ya casi me voy al próximo.
  • Aprendí mucho.

El balance final (y que me deja más feliz) es saber que, a pesar de todo que pasé, conseguí mantener, la mayor parte del tiempo el equilibrio, el humor y la esperanza. Vi en la práctica que es posible no me quebrantar mucho con acontecimientos e que Dios tiene un propósito para todo.

Lo que deseo para 2011 es un año más tranquilo para todo/as nosotros/as.  Que continuemos practicando “el arte de sonreír cada vez que el mundo dice no”.

Y que podamos aprender con el ejemplo de la Navidad a ver más allá de nosotros/as mismos/as y considerar el otro, cosa cada vez más rara en nuestra sociedad.

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