Antes del viaje a Canadá, escribí que estaba recelosa de volar en bandada, o sea, viajar en grupo.  Antes de hablar sobre como fue esta experiencia, tengo que explicar porque me gusta viajar sola en viajes en mochila para conocer muchos lugares (porque hay diferentes tipos de viaje).

Desde que empecé a tener ganas de “mochilar” por América Latina, sabía que tenía que ir sin compañía. Yo quería hacer todo de la manera que quería. Se quisiese cambiar la ruta cambiaba, se decidiese quedarme más o menos en algún lugar, lo haría, etc…

Cuando se está con alguien, hay que ceder y a veces hacer algo que no se quiere. Puedo ocurrir incluso de parar para comer o descansar cuando no se quiere, pero la otra persona sí.

No es que no me gusto la gente, al revés: me encanta hacer amigos. Pero necesito mis momentos solo conmigo misma. Aún más en viajes. Hay momentos en que la belleza es tan grande que no tengo ni ganas de hablar, sólo admirar en silencio. Hacer eso estando sola es más fácil, pero estando con alguien, probablemente el momento se pierde. Así, creo que sola es más fácil conectarme con los lugares: pongo más atención y tengo más contacto con mi entorno. Cuando estoy con alguien, ando conversando. Cuando sola, voy observando.

Viajando sola también me conecto más con las personas. Cuando se está en grupo, generalmente la compañía es siempre la misma. Sola, es posible hacer amistad con varias personas. Es incluso más difícil quedarme sola que acompañada. Hay mucha gente viajando sola también y quien viaja es más abierto, en general. Siempre hay algún motivo para iniciar una conversa: de donde eres? Ya fuiste a tal lugar? Vale la pena? Necesitas  ayuda con la lengua?

Cuando viajé por Perú, tuve compañía todo el tiempo. Después de unos días yo decía para mi misma:

-Ahora ya. Necesito un tiempo. No voy a entablar ninguna conversación.

Pero era imposible: alguien necesitaba ayuda o empezaba a hablar conmigo y  listo: ya estaba de nuevo acompañada…

Como me gusta: una maleta o mochila en manos y.. adiós!
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