Siguen las dos situaciones del viaje en grupo que fueron especialmente malas a principio y luego se convirtieron en algo bueno:

Un día en Canadá dos personas del grupo resolvieron lavar ropa antes de irnos a la próxima ciudad. Habíamos quedado de tomar el bus de las 11hs hacia Montreal.

Aunque yo dije que no daría tiempo de lavarlas y que, en algunas horas estaríamos en la otra ciudad y podrían hacerlo, ellas se fueron. Claro que retrasó.

Yo no quería esperar en Ottawa, porque no había nada más para ver allí. Resolví hacer lo que habíamos quedado e ir en el bus de las 11hs, mismo sin todo el grupo. En la cola del bus, conocí el franco-canadiense Frederick. Muy buena gente, conversamos en francés las dos horas del traslado, que parecieron 5 minutos. Él fue mi angelito, pues también me ayudó con informaciones sobre la ciudad y a ubicarme al llegar en el  confuso terminal de Montreal.

La otra situación fue lo que todos teníamos expectativas: un culto gospel en Harlem, NY. Sabía que había que llegar temprano para ir a la iglesia más famosa. Quedamos de salir a las 8h30. Pero sólo salimos 15 minutos después. Estos fueron fatales: llegando allá ya no había donde sentarse y no nos dejaron entrar. El plan B fue entrar en otra iglesia, justo adelante, como hicieron varias personas que también no pudieron entrar. El coral de esta era unas cinco viejitas, lindas, pero un poco desentonadas y que no sabían la hora de empezar a cantar. Nada de lo que yo estaba esperando. Pero la situación se volvió totalmente cómica. Una señora que recepcionaba los visitantes empezó a ser ruda con la gente. Mandaba que todos casi sentáramos unos sobre los otros, para caber más gente, a sacar los bolsos de sobre el banco y poner sobre las piernas, nos obligaba a hacer silencio. En la hora de los cánticos, mandaba cantar con más alegría. Después de una hora de culto, los turistas comenzaron a salir de la iglesia. Creo que eso siempre ocurra y que les molesta, pero la tal señora empezó a maldecir la gente. Era irreal. Llegó a impedir algunas familias de salir, mandando que se sentasen de nuevo. Cuando la persona hacía que no entendía inglés usaba gestos diciendo: sé que me entiendes. Entonces las personas comenzaron a escaparse, haciendo rutas de fuga: cuando ella volvía la espalda, andaban medio gateadas detrás de los bancos e iban sentando más cerca de la puerta hasta que consiguiesen por fin salir.

Incluso el pastor en el sermón, comenzó a decir: estoy terminando. Siéntense por favor. Siéntense. SIENTENSE!!!!!- gritó al micrófono.

Otras personas, como yo, se reían y ella reprehendía. Yo, cuanto más nerviosa me pongo, más ganas de reírme tengo. Estaba llorando de tanto reír, sin poder contenerme y muriendo de miedo de que ella me preguntara qué es que creía divertido. Pero no me vio, menos mal, porque estoy segura que hubiera explotado en una carcajada. Bueno, aún no considero que haya participado de un buen culto gospel en Harlem, pero al menos tengo una situación de las más divertidas y inusitadas que ya pasé.

Finalmente, a la bandada que viajó conmigo: Fue muy bueno! Muchas gracias por la paciencia! Amo ustedes!

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