Una cosa muy asociada la un trabajo así es la libertad. Mucha gente piensa que va a conocer lugares nuevos y poder pasear libremente. Pero no es bien así.  Es verdad que se está en lugares turísticos, pero no se disfruta mucho cuando se está dentro del  barco trabajando… Dependiendo de la función y de los horarios, no hay mucho tiempo para salir del barco. Algunas veces en la ciudad del puerto no existe nada interesante y las ciudades turísticas están a kilómetros de distancia. Sería necesario todo el día para conocerlas y  es difícil disponer de tantas horas libres.

 Además, los tripulantes son estrictamente controlados. Los horarios son rígidos para las comidas y siempre hay una hora máxima para estar a bordo (advertencia para los retrasados). Quien comparte cabina con otra persona, no tiene privacidad nunca y tiene que convivir con la persona durante todo el contrato, aunque no la soporte. Cuando en áreas públicas, debiese estar sonriendo todo el tiempo, porque siempre hay algún pasajero gravando o fotografiando. Es más: a cualquier momento pueden aparecer los responsables por vigilar si los pasajeros son bien atendidos. Juntando con el hecho de que nunca se pasa mucho tiempo fuera del barco, ya está: no se desconecta totalmente del trabajo…. Otro detalle importante es sobre el boleto de avión. En el primer contrato, el futuro tripulante tiene que pagar su boleto de ida al lugar de embarque. La vuelta siempre la paga la empresa. A partir del según contrato, esta se responsabiliza por los traslados de ida y vuelta. Pero si el tripulante decide renunciar o es despedido por advertencias, tiene que pagar los gastos de la vuelta a casa. Entonces todo mes la empresa descuenta del salario unos 200 dólares, para pagar los gastos de vuelta caso el tripulante renuncie o es echado! Solamente si termina el contrato, se les devuelven al final. En realidad es una estrategia para que el tripulante piense dos veces antes de renunciar.

 Por lo tanto, para mi, trabajar en un barco es el extremo opuesto de sentirse libre. Yo llamaba “cariñosamente” el barco de “mi prisión”.

En el día de embarque de pasajeros, hasta el uniforme parecía de prisonero! jajaja

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