Esta semana recibí un e-mail de José Bublik, que me inspiró este post.

Pues bien, en mi segundo barco (en el cual me quedé 9 meses), el equipo de excursiones era una gerente y 3 personas. la gerente era una colombiana muy difícil. Volvía nuestras vidas un infierno, incluso gritando con nosotros. Bueno, no quiero entrar a los detalles. Pero como la vida siempre busca un equilibrio, me regaló excelentes compañeros de trabajo (aunque eran todos argentinos, ja ja ja). Al principio eran Jose y Gonzalo.

Jose es el verdadero caballero. Sensible, siempre sabía cuando no me encontraba bien. Dispuesto a ayudar, tranquilo, óptima persona para se tener al lado en un ambiente estresante como el  del barco. Sabía que podía contar y confiar en él.

Gonzalo (llamado de colorado, porque es pelirrojo) es divertido. Estaba siempre de alto astral, agitado y haciendo bromas. Pero no caía bien a la gerente y ella hizo de su vida imposible, que tuvo que renunciar después de poco tiempo a bordo.

Entonces entró Nahuel, un chico con los pies en el suelo (y también divertido), que busca transcender. En los momentos más sin nada que hacer nos poníamos a filosofar. A los domingos nos daba clase de tai chi.

 Lo bueno es que los 3 me cuidaban, en el sentido de privilegiarme en algunas cosas. Por ejemplo, yo no turnaba con ellos en la búsqueda semanal de cajas pesadas con los tickets. La cosa es que, un trabajo pesado en muchos aspectos, se ha vuelto más ligero por causa de estos compañeros. No solo no había un mal rollo entre nosotros: nos apoyábamos, reclamábamos juntos y, principalmente, nos reíamos juntos.

Gracias por todo, chicos!

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