Para mí, el barco es como una burbuja de protección. la vida dentro de él es algo a la parte, tanto que el mundo exterior es llamado por los tripulantes de “mundo de afuera”, de “vida real”. Trabajar muchas horas mantiene la mente ocupada y, junto a la distancia y la poca comunicación, hace con que sea fácil abstraerse del mundo exterior. Tenía la sensación de estar en otra dimensión, en un universo paralelo, con reglas propias, no sólo de comportamiento, sino también morales y relacionales.

Mi vida tenía ciclos de una semana, la duración del crucero. Todo los lunes eran iguales, día complicado de embarque de pasajeros. En los jueves había fiesta tropical, etc… Incluso los días de la semana no eran más llamados por los nombres (lunes, martes..) Eran los nombres de los puertos. “Hoy es Nápoles? No, hoy es Túnez”. Es un poco tedioso. Tanto que cuando ocurría algo fuera del común, aunque no fuera bueno, era divertido porque sabía a novedad. Para mí, la rutina y el constante trabajo, hicieron con que el tiempo pasase tan deprisa que perdí la noción del tiempo. Mi primer contrato fue de 3 meses y sentí como se fueran dos semanas solamente! Tardé un poco para entender como mucha cosa podría haber pasado en la vida de mis amigos en tierra.

En realidad, eso es parte de la “síndrome del marinero desembarcado”. Mucho tripulante tarda para se readaptar a la vida en tierra. Algunos tienen dolores de cabeza constantes en casa. Muchos andan por algún tiempo con las piernas abiertas (para mantener el equilibrio dentro de un ambiente en movimiento, se anda con las piernas ligeramente abiertas).

 

Teatro en el barco Oceanic- cada noche hay show
Restaurant del barco Oceanic
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