En general,  algunas personas se adaptan a la vida de marinero y otras no consiguen quedar mucho tiempo. Depende del tanto que alguien consigue estar en un ambiente cuya presión es constante. Por ejemplo: siempre hay que agradar a los pasajeros. En el último día de crucero, estos rellenan un formulario de satisfacción. Si un cabinista o camarero no tiene ningún comentario positivo o tiene un negativo, puede ser “punido”: la semana siguiente disminuyen el número de cabinas o mesas y, consecuentemente, reciben menos plata. Esto hace con que muchos cabinistas, casi imploren un comentario positivo, haciendo chantajes emocionales como: “mis hijos tienen hambre…”

Además, trabajar por muchas horas al día y meses seguidos sin descanso en este ambiente no es bueno para la salud. Mucha gente no aguanta y desiste en las primeras semanas. Algunos finalizan el primer contrato y no vuelven nunca más. Pero hay muchas personas que viven años como marineros, aunque no les guste la vida a bordo. Algunas piensan que no tiene opción mejor de sobrevivencia en su país. El desempleo asusta.

Solamente trabajando en un barco pude entender la verdad contenida en el antiguo refrán griego: “Existen tres clases de hombres: los vivos, los muertos y los marineros”.

 

Un bar del barco Oceanic
Aquí desde otro ángulo
Una disco flotante
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